Chau Tuqui, la otra leyenda de los años de oro de la Rock & Pop

467

“Sentada ante la pantalla la señora ama de casa
se sirve una enorme taza del viejo mate cocido.
No trajo guita el marido que no consigue trabajo.
A ella le importa un carajo si el televisor prendido
muestra el almuerzo servido y a la mesa bien sentado
algún juez, un diputado u otro garca bien vestido.
Primer plano: vaso de agua De la anfitriona sutil
que tiro un Lexotamil y espera que se diluya.
El médico la chamuya sobre el tema de la droga,
el narco dice que es boga, la puta que es actriz
y un yuta que por nariz tiene un cacho de platino,
mira al pintor jamaiquino y lo acusa de feliz”.

Así comienza el temazo de La Renga “Buseca y vino tinto”. Una intro de puño y letra de ese personaje que todos conocíamos como el Tuqui, un Largirucho parecido a Frank Zappa a quien se lo solía ver en el escenario de la banda de Mataderos. Cuando Chizzo y compañía arribaron al entonces “templo del rock”, tal como habían bautizado al estadio Obras Sanitaria, Tuqui no paraba de saltar de alegría ahí arriba, en el escenario, intentando tocar una guitarra. En una de esas series de presentaciones, las de “Despedazados por mil partes” del 97, al Tuqui lo vi volar por sobre las cabezas de quienes estábamos adelante, junto a las vallas, para ir a estrellarse contra la bandita más picante de seguidores de La Renga.

Era un morador de la Rock and Pop. Las veces que fui a la emisora lo veía como recién levantado. Me dijeron que era cierto, el tipo solía quedarse a dormir ahí. Seguramente.

Una vez condujo una maratón solidaria radial de 95 horas al aire, con una enfermera cuidándolo. Cuando no daba más, se tiraba a dormir por ahí unas horas, volvía y seguía. Hablaba con todos, terrible hombre de mundo entrador, que varias veces se le animó a las universidades a dar charlas. ¿De qué? Ni él sabía, pero no importaba.

Su nombre real era Gabriel Gustavo Pinto, Tuqui o Tucán, parte de la escudería de oro de la Rock & Pop de los 90, esa radio donde se escuchó en la misma época a Mario Pergolini, Eduardo De La Puente, Lalo Mir, Elizabeth Vernaci, Juan Di Natale, Bobby Flores, Carla Ritrovato, Norberto Verea, Alejandro Nagui, entre otros. Tuqui estaba ahí, guitarra en mano, entonando letras retorcidas propias o versionando hits sajones pero en castellano (es conocida su versión de “Violame” de Nirvana), y llegó a parodiar al mismísimo dueño de emisora con su personaje “Daniel Bancoverde”. También se dijo que junto a De La Puente eran quienes daban vida al “Fisu”, ese personaje marionetezco ácido de La TV Ataca, la previa a CQC.

Más allá de lo radial, fue un bohemio que largó todo a los 25 al conocer a Luca Prodan. Con su grupo Tuqui y los Hijos de Mil…, grabó un disco con covers de rock, con varios músicos invitados (como Gillespi), pero no fue publicado. Disfrutó de un salto televisivo de esos que no se explican y se hizo conocido como contador de chistes, y como actor, al punto de llegar a sentarse en el sillón del programa de Susana Giménez.

El Tuqui murió este fin de semana a los 64 años a estas horas no se sabe muy bien de qué, pero el tema es que venía mal desde el 2012. “Tuve un accidente, iba en moto y un taxista desafortunadamente no me vio. Él quería doblar y yo no. Me convenció con el paragolpes. Salí volando y me fracturé la cadera, que quebré la cabeza del fémur. Me operé y no soldó. Me quedó una pierna más corta. No me puedo apoyar en esa pierna. Por lo tanto estoy perdiendo masa muscular.” Un ACV que sufrió en marzo también colaboró para este final.

Escribía en el sitio Border Periodismo y hasta fines del año pasado siguió con la banda Tuqui y los Pastafaris, hasta cuando decidió irse a su amada Mercedes para quedarse ahí para siempre.