Ya pasaron 25 años de la publicación de aquel “Dale Aborigen”, tercer disco de Todos Tus Muertos (TTM), material que llevó al grupo a girar por buena parte del mundo. Se trata de una atractiva mixtura del más crudo punk, reggae, sonidos latinos, ska y hasta dumb y rap, que en los noventas a muchos tomó por sorpresa. América está en sus letras, con voces de amigos consagrados como Manu Chao (Mano Negra), Fermín Muguruza (Kortatu – Negú Gorriak) y las Actitud María Marta entre otros, el disco fue y sigue siendo un llamado a mirarnos como latinos, mirarnos adentro, de qué estamos hechos, de dónde venimos y a dónde vamos.

La gira en honor al cuarto de siglo de un muy vigente “Dale Aborigen” fue la excusa para que Todos Tus Muertos pasen por el escenario del Teatro Greison de Monte Grande. A sala llena y con una apretada grilla de grupos soporte, a eso de las 2:30 salieron a escenario.

Ahí se lo vio a Fidel Nadal junto a Pablo Molina empuñando micrófonos. A la derecha el histórico Félix Gutiérrez al bajo, a la izquierda el violero Deindors se hace cargo de la gran tarea que significa sonar como Gamexane, fallecido a fines del 2011 (y lo logra con impronta propia), en los parches Max (baterísta muy preciso que comparte tiempos con otros grupos y artístas) y Germán en teclados y sintetiadores.

 

La cosa arrancó con los tintes mexicanos de “Tu alma mía”. Aparece Fidel y la alegría es para varios de los presentes. Es significativo volver a verlo al frente de TTM. Pasaron 16 años desde que se fue de un portazo en lo que supuestamente era una ida motivada por “diferencias artísticas”. Por ahí anduvo haciendo reggae comprometido con “Lumumba” junto a Amícar, su hermano y con Pablo, pero con los años compartió tablas y canciones con artistas de cumbia villera y su hit solista “International love” sonó hasta en las novelas. Hoy sigue con múltiples proyectos vinculados al sonido jamaiquino con artistas de diferentes partes del mundo, pero se hace lugar en su agenda para TTM.

Desde el comienzo, la banda sonó ajustadísima, y el poder de la base -responsabilidad de Felix- retumbó en el pecho. “Tu alma mía / Adelita” pasó, y los cambios de clima de la canción fue el perfecto preludio para lo que se venía en la madrugada de Monte Grande.

El siguiente paso fue el regreso a las raíces de TTM con “Incomunicado” de su segundo material, “Nena de Hiroshima”. Inmediatamente volvemos al motivo que nos convoca con el tema que titula el material homenajeado “Dale Aboriguen”. “Mamá tierra no quiere más, que le des la estocada final”, canta Fidel quien no paró de saltar. Sus dos metros y pico, contando con el turbante que contienen sus dreadlocks, fueron señales de que el escenario del Teatro Greison le quedaba chico a TTM, pero no. Salta, va y viene junto a Pablo Molina, hacen una ronda, bailan juntos, se miran y no paran de reírse.

¿Son indicios que estamos ante una nueva época dorada de TTM? Es probable, ya que la banda tiene una nueva energía, otra mística, y parecen querer barrer bajo la alfombra “Crisis Mundial” del 2010, el último trabajo con Gamexane, pero sin Fidel. Con una gran labor vocal de Pablo, sería bueno escucharlos interpretar “Punky reaggae party” de Bob Marly, pero no. Exprimen todo lo demás, que no es poca cosa. Y está bien.

La calma duró poco. Todos saltan con “Mate”: “Cultura popular, llega hasta tu casa y no salgas a votar”. Luego viene “No te la vas a acabar”, primer tema del disco “El Camino Real” de 1998, inspirado seguramente por las giras de “Dale Aborigen” que depositó a TTM en México. El dúo vocal se ríe. Cantan abrazados.

“Monte Grande, ¿están cansados?”, pregunta Fidel. Bien vale la advertencia. Se viene “Hijo nuestro”. Sigue “Gente que no”, ska ochentoso recordadísimo de su primer disco. La interpretación es fiel al primer LP de TTM pero al promediar la pieza fue redireccionado su “tempo” y versionado tal como lo hicieran con Los Auténticos Decadentes. Deimdors da punteos destacándose con un gran trabajo en la viola, y se luce metiendo líneas de cumbia, pero no argentina, suena a peruana (¿Los Mirlos del Perú?).

 

Siguen “Los envidiosos” y se viene el tiempo de reggae con “El camino real”, “Mandela” y “Todo lo daría”.

Luego la vuelta al punk y al pogo de todos contra todos vocifernado “El chupadero” (“Parodia, farsa y burla, pilares del sistema, en tu mente pusieron un esquema, en tu mente. La cárcel te endureció, el exilio te amargó. Todos te golpean y te dejan como un árbol sin raíces. Amándonos en el chupadero sentíamos frío. En el chupadero del gobierno usaron nuestros cuerpos, para su consagración en la ESMA y en Monte Chingolo. No hay salvación para el pueblo sumiso”, tema de Fidel, Félix y Gamexane) y “El espejo” (“Me miro en el espejo y no sé quién soy. Te miro en el espejo y no sé quién sos. Mirame, que mal se te ve. Mirate, pareces un muerto en la T.V. Lavate la cara, tratá de vomitar. Tomá un poco de aire y despabilate que no estás en tu casa y te tenes que volver en colectivo, ¿cómo vas a hacer?”, con letra del “Perro” Jorge Serrano de Los Decadentes).

 

Sigue “Rasta vive” y Pabito (ya a esta altura un duende rastafari que hace acrobacias y hasta hace medialunas sin largar el micrófono) se para al borde del escenario para modificar la letra: “Rasta vegano nos sentimos mejor”. ¿Actualidad?

Sigue “Sé que no”, y es acá, luego de tantos años de oírla, cantado y hasta haber pogueado con este tema, cuando pienso que habla del alejamiento de la droga, no de una mujer. Sigue la corrosión de “El féretro”, “Andate” (“Si no te gusta lo que digo…”) y el final es para “Trece”.

Faltan 45 minutos para las 4 de la madrugada y ya está. Se van los músicos y queda Fidel y Félix. Hablan mientras se encienden las luces. No hay bis. ¿Para qué? Fue todo perfecto. TTM despabiló.