En la previa del encuentro por los octavos de final de la Copa Argentina en el estadio de Lanús, la Policía de la Provincia de Buenos Aires detuvo este miércoles a varios miembros de la facción de Ingeniero Budge de la barra de River.

Entre los operativos de seguridad se detuvieron a hinchas de River que serían del denominado grupo “de Lomas”, de la localidad de Ingeniero Budge. Según se pudo constatar, llevaban consigo armas de fuego.

Son 51 los detenidos por un fallido cruce entre dos facciones: la de Budge y la disidente. La barra estaba liderada por el actual jefe, Alejandro Medina, “Ale de Budge” y su hijo Sergio. Según publica Infobae, ambos están detenidos en la seccional de Lanús. Las detenciones se dieron sobre la calle Madariaga, una ancha arteria de la zona del estadio por donde ingresa la mayoría de la gente que ocupa la cabecera local. Justamente, hoy ese tribuna es para la gente de River.

De los 51 detenidos, 25 de ellos tenían derecho de admisión vigente.

En el operativos en los alrededores del estadio Néstor Díaz Pérez se encontraron armas de fuego, una con silenciador, otra con percutor a repetición, decenas de municiones y también armas blancas. En tanto, en el recorrido, secuestraron más armamentos en vehículos estacionados.

Según pudo saber Doble Amarilla, los organismos de seguridad ya habían sido alertados de esta situación. Si bien no hubo que lamentar episodios de violencia, el Aprevide fue muy al filo: se estuvo muy cerca de que se desate una verdadera guerra entre los dos grupos de ‘hinchas’. Así, con la detención de la facción oficial, que fue con un gran armamento a parapertarse esperando que llegasen los disidentes, el grupo que por ahora no estaba teniendo el control de la tribuna, pudo ingresar y ostentar el control de la popular.

No obstante, dentro del estadio, se vivieron momentos de mucha tensión, producto de los nervios generalizados, con presencia de grupos radicalizados o violentos en todas las tribunas, cánticos cruzados, y amenazas.

Por caso, los violentos se pasaban del sector general a la platea Esquiú sin ningún impedimento ni control policial, y ante los ojos de la prensa, que tiene el sector de pupitres y cabinas en ese sector. La ausencia de efectivos policías evidenció una falta de prevención en el asunto.

Mientras esto se daba dentro del estadio, afuera, la Guardia de Infantería no podía controlar el ingreso del público, provocándose corridas, disparos de gases y desmanes varios. A esa altura de la noche, y a pesar de las advertencias que le habían dado al Aprevide y a su titular Juan Manuel Lugones, el operativo de seguridad no había logrado mantener la calma.

En tanto, en las inmediaciones del estadio del Granate apareció un pasacalles que tiene un destinatario claro: “Aunque no les guste a los dirigentes… Siempre vamos a estar”, se puede leer.

Fuente: Doble Amarilla