Multitudinaria marcha del “Sí se puede”: crónica de la última carta jugada por el macrismo

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Mucha gente. Ya desde temprano, aún antes que la logística termine de asegurar detalles del escenario ubicado cerca del Obelisco, o el mismo palco de los periodistas, la gente llegó de a miles. Del lado de Constitución, de Diagonal o del “Bajo”, pero impresionó la vista desde Corrientes para la zona de Callao. Esta fue la apuesta más importante, otra parada del “sí, se puede” en la Ciudad Autómoma de Buenos Aires, de local y a una semana de las elecciones generales, carta fuerte de Mauricio Macri con la que parece realmente convencido de “dar vuelta” una elección cuyo resultado en las PASO de agosto se tradujo en un aplastante triunfo de Alberto Fernández.

“Sientan cuanta energía hay acá. Que esa energía se traduzca en la elección, que todavía no pasó”, dijo Mauricio Macri en el escenario acompañado por su mujer Juliana Awada y su candidato a vice, Miguel Ángel Pichetto en Juntos por el Cambio. La gente estalló al ritmo de la marcha “se da vuelta” y fueron cientos quienes siguieron el acto desde el otro lado del Obelisco, a través de dos pantallas.

Mientras escribo, a casi 40 minutos de haber terminado el evento, la gente sigue desconcentrando Bandera en mano por la calle Corrientes. Pasan y siguen cantando “¡Sí se puede!” con un convencimiento que no necesita más análisis: realmente creen y depositan su fe en el presidente, pese a la reciente paliza electoral.

Desde lo periodístico, cubrí muchas marchas de distintos espacios políticos, pero esta no dejó de ser novedosa por su contenido y por la casi ausencia de la bandería política, que en este caso fue reemplazada por el Pabellón Patrio. Es cierto, gente de todas las edades, pero también es verdad que en su mayoría era gente adulta, poca juventud que igualmente algo se dejó ver: la concentrada bajo la bandeja de “Jovenes PRO”, pero también estaban los que evidenciaban una cómoda posición.

Cristina Férnandez también fue objeto de los cánticos (“Argentina sin Cristina”) y estaban quienes pidieron por la cárcel de la exmandataria. Hubo gente de zona sur: se dejaron ver columnas de Almirante Brown, Esteban Echeverría o Lomas de Zamora, distritos donde sus candidatos de Juntos por el Cambio poco se sabe en tiempos de campaña siendo esquivos a la prensa.

No se debería comparar ya que son concepciones y metodologías completamente distintas, pero no hubo liturgia típica de actos políticos creo que inaugurando una nueva forma de participación ciudadana. Un sector de la Argentina, la que ve una realidad distinta a la de los otros, los peronistas. Porque esta clase media alta que se expresó hoy juega también al antagonismo, a la diferencia, a ver al otro desde arriba, iluminados por una verdad que se adivina suprema. ¿Será así?

Políticamente hablando en materia de campaña y propuestas, Mauricio Macri dijo poco. Poco y nada. Apeló a la emoción, a la emotividad de la movilización pintada con los colores de la Bandera. De la espontaneidad sin motorización punteril. Habló de “la canchereada del dedito desde el atril” y, entre los valores que enumeró, hizo referencia a la “independencia de la justicia”, dando lugar a los cánticos contra el anterior gobierno: “Que vaya presa”.

Los pibes sobre los hombros jugaron de espectadores debutantes de una concentración que se extendió hasta que se pierde la mirada. En estos momentos, las usinas periodísticas dan cuenta de 100 mil personas, otros 500 mil, mientras que recogen la voz de Marcos Peña quien habló de 800 mil y están quienes realmente piensan que la cosa llegó al millón de almas. Muchedumbre que se extendió hasta la Avenida Córdoba.

“Que se escuche de Uruguay a Chile”, pidió Macri y otra vez interactuó con el público, tal como lo hizo Horacio Rodríguez Larreta hacia instantes. La reflexión va para el lado de la política que fue poca, ya que para eso fue lo que se vio abajo, con pancartas con la imagen de María Eugenia Vidal pero también de Patricia Bullrich.

Una política de la anti-política, que se debería construir con propuestas de método que apunten realmente a salvar las papas de un país (que nos cansamos de escuchar) tiene todo, y esto va también para los del otro lado, el Frente de Todos.

Los televisores estarán encendidos mañana, a la hora del segundo y último debate presidencial cuando, más allá de los modos, la presencia, la locuacidad, se hable realmente de propuestas políticas a los problemas que acarreamos a montones, que es lo que todos necesitamos.