El juez federal Claudio Bonadio falleció a los 64 años mientras estaba de licencia médica. El último año había elevado a juicio “la causa de los cuadernos” en la que se investigaba la corrupción en la obra pública durante el kirchnerismo con la expresidenta y actual vice, Cristina Fernández, como foco central de la acusación.

Había llegado a ser juez federal durante el menemismo, gracias a su cercanía con Carlos Corach, de quien fue segundo cuando éste se desempeñaba en la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia. Se había recibido de abogado a los 32 años y seis años después ya era magistrado federal.

El exministro de Economía de Carlos Menem, Domingo Cavallo, dio a entender que el nombre de Bonadio figuraba supuestamente en la servilleta en la que, según dijo, Corach había detallado quiénes eran los jueces que respondían al Gobierno a fines de los 90.

Durante la presidencia de Fernando de la Rúa, el vice Carlos Álvarez lo definió como “un juez al que siempre se lo vio vinculado al gobierno menemista”. Luego, Bonadio fue al Consejo de la Magistratura a denunciar presiones políticas.

En 2001, el juez mató de siete balazos a dos ladrones que intentaron asaltarlo en una casa de Villa Martelli cuando se aprestaba a comer un asado. Tenía pistola porque era aficionado a la práctica deportiva de tiro. Cuatro días después procesó a Emilio Massera por el robo de bienes de personas desaparecidas durante la última dictadura y declaró la inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

“Soy peronista desde los quince años. Como en el fútbol, el peronismo es un sentimiento”, dijo en una entrevista, según recordó Clarín. En su despacho a un cartel que, irónicamente decía: “No se preocupe, yo tampoco llegué por concurso”, según publicó La Nación.

Es célebre una decisión judicial que impuso en septiembre de 1997 que le permitió a Diego Maradona en Boca ante Newell’s, pese a un dóping positivo ante Argentinos Juniors.

Según la revista Noticias, Maradona llegó hasta el juzgado de Bonadio en Comodoro Py pasadas las 16, junto a su abogado Cúneo Libarona. Cuando terminó la declaración, supuestamente el magistrado hizo pasar al despacho a su hijo y a otros compañeros con camisetas de fútbol, para que saludaran a la estrella de fútbol.

En el primer mandato de Cristina Fernández, había sobreseído a los secretarios de la entonces jefa de Estado en una causa por enriquecimiento ilícito. Entre los acusados figuraba Daniel Muñoz, quien luego aparecería como titular de una empresa off shore en los Panamá Papers y años más tarde, ya fallecido, sería protagonista de la causa de los cuadernos.

Cristina Fernández llegó a tratarlo de “juez pistolero” por cadena nacional. Había allanado el despacho de su hijo Máximo Kirchner en Río Gallegos por el caso Hotesur. Según recordó La Nación, en meses electorales había indagado a Aníbal Fernández, al extitular del Banco Central Alejandro Vanoli, al exministro de Economía Hernán Lorenzino, había pedido la captura del cordobés Ricardo Jaime, había procesado a Juan Pablo Schiavi, Guillermo Moreno, al actual gobernador de Tucumán Juan Manzur y al exvicepresidente Amado Boudou.

En su libro Sinceramente, Cristina Fernández lo trata de “sicario”. “La causa de encubrimiento, AMIA II, se inició en el año 2000, luego de la declaración de [Claudio] Lifschitz, y estuvo paralizada durante años, hasta que el juez a cargo, nada menos que el sicario Claudio Bonadio, fue apartado por su inacción manifiesta y denunciado por la propia Cámara Federal que decidió su apartamiento”, escribió.

En 2010, Bonadio había sido denunciado por el fallecido fiscal Alberto Nisman, quien lo acusaba de haber actuado junto al expolicía de la Federal, “Fino” Palacios, Carlos Corach y su hijo Maximiliano, para supuestamente apartarlo de la causa Amia y del propio cargo de fiscal. Pero en marzo de 2018, según publicó Perfil, la causa terminó siendo archivada.
En una entrevista de abril de 2016, el periodista Hugo Alconada Mon le había preguntado si era “difícil investigar al poder”. Respondió: “El general San Martín tenía una frase que decía que no era para cualquiera la bota de potro. Si uno toma la responsabilidad de ser juez federal, no puede medir esto en términos de dificultades, sino en términos de voluntad y en términos de decisión”.

En ese momento, cuando Bonadio no había recibido todavía la causa de los cuadernos de la corrupción del chofer Centeno, dijo que la causa más difícil que le había enfrentado investigar había sido la de la tragedia de Once, sobre el siniestro ferroviario que le costó la vida a 51 personas. Antes de que se cumpliera el primer aniversario del hecho, Bonadio envió la causa a juicio.

Fuente: lavoz.com.ar